Camino del águila o de la acogida del dolor

El dolor es un misterio. Muchas veces no entendemos y sabemos el porqué del dolor que hay en nuestra vida. Pero hay que tomar sobre nosotros el que nos toca, descubriendo que es más llevadero si no nos resistimos. Para volar alto, el águila ha de soportar la dificultad de arrancar el vuelo, lo que hace pesadamente, aguantar el frio de las alturas, soportar la soledad. Pero el águila que acoge todo esto, vuela alto.

Un criador de pavos encontró en una ocasión tres huevos de águila y los llevó a su granja para criar a las águilas como pavos. A dos de ellas, más inquietas, las ataron por la pata a una estaca. A la otra la dejaron suelto por el gallinero. Una de las que estaba atada, mirando por los ventanucos de la granja, descubría las lejanas montañas nevadas y anhelaba volar hasta allí. Lo intentaba una y otra vez, pero sus ataduras se lo impedían. Finalmente, se rindió, y se quedó para siempre entre los pavos. El segundo águila, viendo al primero atado, imaginó que también lo estaba, y ni intentó el vuelo. Al igual que el primero, permaneció toda su vida entre los pavos. La tercera también anhelaba volar alto, y a pesar de la atadura, no dejó nunca de intentar el vuelo, cada vez con más fuerza. El resultado, sorprendente, fue que, pasados unos años, la cuerda cedió y el águila salió volando, alcanzando pronto las anheladas montañas.

Estas son tres actitudes ante el dolor que producen las circunstancias de la vida:

  • La primera águila responde al dolor que quizás tenga solución, pero se prefiere no combatir, no luchar, y resignarse ante el obstáculo real que se descubre.
  • La segunda águila representa al dolor que, a causa de la imaginación, termina en sufrimiento y sin solución. Es la de quien se queda pasivo ante la realidad porque imagina que no tiene solución. La imaginación puede servir para construir posibilidades, para preocuparnos con lo malo que nos puede pasar o, como hizo el águila, para resignarnos pasivamente a sufrir lo que podríamos evitar (aunque sea más cómodo quedarse como víctima, como pavo en corral).
  • La tercera águila es aquella que, ante el dolor, ante la circunstancia limitante, busca de modo creativo, busca opciones. Sabe que el error más grave es no hacer nada porque se podía hacer muy poco. La clave es siempre dar un primer paso, no esperar a las situaciones ideales, que no las hay. Esta es el águila que se atrevió a experimentar el dolor que le tocaba y aceptó las dificultades sin sorprenderse.

Todo dolor, solucionable o no, implica una actitud previa: la aceptación (no la resignación), es decir, admitir que las cosas son como son. Sólo tomando conciencia de cómo están las cosas es posible ponerse a caminar. De esta manera podremos discernir lo que no puede cambiar, para aceptarlo, pero también descubrir lo que puede ser cambiado y llevarnos a ser creativos. La última águila fortaleció sus alas intentando volar, a pesar de que estaba atada y justo esto fue lo que le dio la oportunidad de salir volando, en su momento. No cuando ella quiso.

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