Contaba el filósofo judío Martín Buber la siguiente narración: A los discípulos que por primera vez se acercaban a él, el rabí Bunam acostumbraba a relatarles la historia de Eisik, hijo de Jekel, en Cracovia. Después de años de severa pobreza, que no habían logrado, sin embargo, poner en crisis su confianza en Dios, tuvo un sueño en que se le ordenaba buscar un tesoro bajo el puente de Praga que conducía al palacio real. Tras repetírsele el sueño por tercera vez, Eisik se puso en pie y se encaminó a Praga. Pero día y noche se hallaban apostados en el puente destacamentos de vigilancia, por lo que no se atrevía a cavar. Sin embargo, cada mañana llegaba hasta el puente y daba vueltas en torno a él hasta la noche. Finalmente el capitán de la guardia, que se había percatado de su ir y venir, le preguntó amablemente si buscaba algo allí, o si esperaba a alguien. Eisik le contó entonces el sueño que desde su lejana tierra le había traído hasta allí. El capitán rompió a reír: “¡Y tú, pobre muchacho, para satisfacer un sueño, has venido en peregrinación hasta aquí con las suelas de tus zapatos hechas trizas! ¡Desde luego, quien se fíe de los sueños…! Pues también yo mismo hubiera debido ponerme en marcha cuando cierto sueño me ordenó una vez emigrar a Cracovia para cavar bajo la estufa de la fonda de un judío, Eisik, hijo de Jekel, me parece que se llamaba, en busca de un tesoro. ¡Eisik hijo de Jekel! ¡No quiero ni imaginarme qué hubiera hecho yo allí, cavando en todas las casas donde la mitad de los judíos se llama Eisik y la otra mitad Jekel!”. Y volvió a reír. Eisik hizo una reverencia, regresó a casa, llegó a su vasa, cavó bajo la estufa… ¡y desenterró el tesoro!  Atiende bien a este relato, acostumbraba a decir el rabí Bunam, y ten en cuenta lo que él te dice: que hay algo que no puedes encontrar en ninguna parte del mundo y que, sin embargo, existe un lugar en donde sí puedes encontrarlo”. Hay algo que sólo puede hallarse en un único lugar en el mundo. Es un gran tesoro al que podemos llamar plenitud de la existencia. Y el lugar en el cual hay que hallar ese tesoro es el lugar en el que se está y el momento en el que se está.

Nuestra tarea se encuentra allí donde hemos sido situados, allí donde estamos, en el propio entorno, situación, con aquellos con los que nos encontramos, la tarea que se nos encomienda. Allí podremos encontrar nuestra plenitud.

Se atribuye a Buda la frase “Alégrate porque todo lugar es aquí y todo momento es ahora”. El vivir ‘aquí y ahora’ constituye uno de los tópicos budistas más apreciados (y menos practicados) y se dirige a orientar a la persona a vivir en presente como modo de evitar sufrimientos inútiles.

El estoicismo camina por esa misma senda. Marco Aurelio, el filósofo y emperador romano, expresó en sus Meditaciones: “A todas horas piensa tenazmente en hacer lo que tienes entre manos, con seriedad meticulosa y sincera, y en procurarte tiempo libre de todas las demás imaginaciones. Y te lo procurarás si realizas cada acto como el último de la vida”.

Sin embargo, quien ha llevado este principio más lejos no ha sido la doctrina budista ni el pensamiento filosófico clásico, sino Cristo y el cristianismo. La oración a Dios Padre que enseñó el mismo Cristo pide con claridad: Danos hoy nuestro pan de cada día. También Cristo invita a tomar la cruz de hoy  e invita a no gastar energías preocupándose por el futuro sino ocupándose del afán de cada día. Para los cristianos es el presente el único momento real, el momento de encuentro con uno mismo, con el otro y con Dios, el momento en que se encuentran temporalidad y eternidad. Por eso el papa Juan XXIII comenzaba su famoso decálogo de la serenidad afirmando “Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente al día, sin querer revolver los problemas de mi vida todos de una vez”. Y el teólogo ortodoxo Evdokimov denunciada que “el hombre de este mundo o vive en el pasado, con sus recuerdos, o esperando su porvenir; mientras que en el momento presente trata de evadirse, ejercita su espíritu de inventiva para mejor ‘matar el tiempo’. Este hombre no vive ni aquí ni ahora; vive inconscientemente entre fantasías”.

Cuando acompañamos a otros, una buena herramienta para que descubra el hoy, para que disfrute el hoy, para que se abra a los tesoros que hoy le esperan, es ayudarle a poner la mirada en el tesoro que tiene hoy, allí donde está, con aquellos con los que está, y preguntarle por cuál es su misión hoy y allí, con ellos, cómo les amará hoy, qué creará hoy, que espera la vida de él hoy.

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