¿Cuál es la función propia de un coach familiar?

Son muchos los coaches, psicólogos, psiquiatras y orientadores familiares que me han preguntado sobre el papel propio de un coach familiar. Y es importante aclararlo por muchas razones:

  1. En primer lugar, porque el coaching familiar surge con fuerza para dar respuesta a unas necesidades concretas no cubiertas por otras especialidades (o no cubiertas bajo cierta perspectiva).
  2. En segundo lugar, porque el coaching familiar está llamado a trabajar sinérgicamente con otros profesionales dedicados al cuidado de la familia o de la persona teniendo un lugar propio que todos han de conocer.
  3. En tercer lugar, porque no falta algún profesional de otro tipo que, ante la novedad y quizás por desconocimiento, puede señalar al coach familiar como sospechoso de intrusismo.

Cierto que es que el coaching familiar, por ser actividad tan novedosa, no es todavía una profesión reglada. Pero ya existe, ya hay profesionales que se dedican a esta actividad (bajo los epígrafes de coaching familiar o de acompañamiento familiar) y responde a una necesidad.

En epistemología se indica que hay una ciencia o un ámbito de saber cuándo hay un objeto propio y un método propio. El coaching familiar tiene un objeto propio y un método propio.

El objeto de estudio y de praxis propios del coaching familiar, por decirlo de manera simplificada, es, en primer lugar, todo aquello que construye y hace plena la vida familiar (lo que denominamos familyfulness), por ejemplo, la promoción de figuras parentales nítidas y responsables, que comunicación fluida en familia, el desarrollo de habilidades emocionales, ideales de vida compartidos, la corresponsabilidad…. En definitiva, se trata de promover todo lo que son como comunidad. En segundo lugar, aborda las dificultades, desajustes y conflictos propios de la vida familiar: dificultades de relación matrimonial o parental, deficiencias afectivas, sanación de heridas afectivas intrafamiliares, bloqueos en la comunicación, etc. Estas dificultades, en su inmensa mayoría, no tienen nada que ver con psicopatologías. Por eso exigen un tratamiento propio. No podemos abordar con psicoterapia (y menos con psicofármacos) lo que son dificultades de la vida cotidiana.

El coaching familiar tiene también un método propio. Frente a la psicoterapia, al ‘mentoring’ o al counseling familiar, el coaching familiar no ‘prescribe’ a la familia, al matrimonio o al grupo familiar presente lo que ha de hacer,  sino que se presenta como el contexto en el que descubren cómo están las cosas, descubren cómo son sus relaciones, descubren sus fortalezas, toman conciencia de sus ideales y valores y ellos se ponen en marcha mediante la acción para dar pasos comunitarios hacia cotas mayores de perfección relacional y afectiva. Se apela, por tanto, a su responsabilidad e iniciativa, a sus propias fortalezas y capacidades, se promueve la activación de sus recursos y se vive en clave constructiva. Por eso, no se hace ‘diagnóstico’ ni se etiqueta nosológicamente lo que les sucede, porque cada familia es distinta, cada situación única y porque el acento lo ponemos en la luz que queremos ampliar y en las oscuridades que deseamos que se reduzcan.

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