La fe se hace cultura. La Revelación tiene la capacidad de iluminar todas las realidades humanas. También la del acompañamiento. Por eso puede ser muy esclarecedor tomar en cuenta algunos pasajes evangélicos como iluminadores del método del acompañamiento, aplicables en toda circunstancia, en creyentes y no creyentes.

En esta entrada del blog me propongo exponer, de modo sencillo y lo más sintéticamente que pueda, lo que el pasaje del Emaús (Lc24, 13-35) nos puede aportar metodológicamente en el acompañamiento. Invito a quien esto lea a que previamente lea el pasaje citado, aunque haré referencias a los diversos pasajes de la perícopa.

  1. In itinere

“Dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, distante a una dos leguas de Jerusalén” (v.13). “Pero ellos tenían sus ojos incapacitados” (v.16)

Quien acompaña ha de tener nociones, al menos básicas, de antropología de la persona. Así podrá descubrir que toda  persona está en camino. Y también que un hecho básico y central del ser persona es que en este camino se sufren dolor, frustraciones, heridas, decepciones, crisis. Esto resulta muy duro, sobre todo al ‘homo anestesicus’ de nuestros tiempos, por lo que se producen huidas, repliegues. Se produce ceguera sobre la propia vida y sobre su situación.  En realidad, vistas desde el acompañamiento (y desde el final del proceso) estos momentos son un kairós, un tiempo de gracia, pues es el que va a permitir el cambio, la sanación, la maduración, el crecimiento. 

  1. Encuentro

“Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos” (v.15)

En esta huída y repliegue, hay alguien (el acompañante) que se les sale al camino y se acerca. Es capaz de caminar al ritmo del acompañado y es capaz de ganar su confianza. Se hace cercano, compañero de viaje.  

  1. Diaconía

“Él les preguntó: ¿De qué vais conversando por el camino? Ellos se detuvieron con semblante afligido…” ¿Qué cosa? Le contestaron: Lo de Jesús de Nazaret…”(v.17-19). “Jesús les dijo: ¡Qué necios y torpores para creer cuanto dijeron los profetas. ¿No tenía que padecer eso el Mesías para entrar en su gloria?” (v.25).

    1. Ponerse a caminar no es un hecho pasivo, no es ‘hacer compañía’. Hay una tarea que hacer con el acompañado cuyo objetivo es facilitar o provocar la sanación y la transformación. Quien acompaña ha de dinamizar el interior del acompañado. ¿Cómo? A través de la pregunta. Con la pregunta, el acompañado toma conciencia de sí, se permite acceder a su contexto y, sobre todo, a la verdad de su vida.
    2. Quien acompaña ha de estar atento al acompañado, no sólo a lo que dice sino a cómo lo dice, a su rostro. La aflicción, la tristeza, el abatimiento, se manifiestan en el rostro, en la postura corporal, en el tono de voz. Para eso mediante la pregunta le invitamos a detenerse y a tomar conciencia de sí.
    3. Una vez tomada la conciencia y dándose la expresión corporal, llega la expresión verbal (“Nosotros esperábamos….”). Se manifiesta que se ha roto la esperanza. Pero también es el momento de descubrir hasta qué punto se había puesto la esperanza en falsos ídolos.
    4. Quien acompaña escucha pacientemente la narración del acompañado, su queja, su dolor, sus argumentos. Ser escuchados es manifestar amor, un modo de dignificar al escuchado.
  1. Martyría

“Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que en toda la Escritura se refería a Él” (v. 27).

El método cristiano incluye el servicio sanador, la terapia como acompañamiento y cuidado sanador, pero va mucho más allá. Han de conocerse herramientas de psicología, de coaching. Pero el acompañamiento no se puede reducir a ser terapia o a ser intervención, sino que es camino hacia una nueva dimensión biográfica, a una iluminación vital. El siguiente paso consiste en poner ante el acompañado una clave interpretativa de su propia vida, una narración que ilumine la narración de su vida y desde ahí se produzca un cambio de perspectiva y, sobre todo, un cambio en el corazón.

  1. Liturgía

“Entró para quedarse con ellos; y, mientras estaba con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Se dijeron uno al otro: ¿No se abrasaba nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la escritura?” (vv. 29-31).

El acompañante entonces emplea otro elemento clave en la sanación y transformación: el símbolo. Y a través del símbolo, se les abre definitivamente la visión de las cosas, reconociendo que ardía su corazón. Es en corazón donde se reconoce el cambio, que va mucho más allá del ‘insight’, del darse cuenta. Ocurre un símbolo, aportado por el acompañante, que es signo transformador para el acompañado. Puede ser en el contexto de un rito celebrativo (por eso, liturgia religiosa, lectura de la Palabra, sacramentos, rituales, … tienen una fuerte carga transformadora). También el acompañante puede hacer otro tipo de símbolos que conecten con la vida de la persona y que permiten visualizar o entender circunstancias personales.

  1. Acción y puesta en camino

“Al punto, se levantaron, volvieron a Jerusalén” (v.33).

Si alguien tiene un cambio de perspectiva meramente cognitivo, puede que permanezca sin cambios en su vida, puede que no los traduzca en acciones. Pero quien vive un cambio en el corazón, se pone en camino, se pone en acción. Se mira la vida en perspectiva, el camino que hay por delante (y que antes no se veía, cegados con el camino que había por atrás). El repliegue se transforma en despliegue.

  1. Koinonía

“Y encontraron a los Once con los demás compañeros (…) Ellos por su parte contaron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan” (v.33-35).

La puesta en camino lleva a la comunidad y a romper con el individualismo. El primer encuentro y todo el proceso le hace a la persona capaz de comunidad, de encuentro, de volcarse en otros, de vivir para otros. Este es uno de los rasgos de crecimiento, sanación y maduración: el (re)establecimiento de redes comunitarias, de relaciones significativas.

Un desarrollo completo de este método se encontrará en el módulo III del curso +H29, ofrecido por el Instituto da Familia, la fundación Edelvives y Escuelas católicas.

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