Paso previo a todo acompañamiento o Coaching es contar con una cabal visión de quien es la persona. Además, la antropología, ilumina los caminos para el acompañamiento y el Coaching. Un acompañamiento o Coaching sin antropología como sustento deviene en frio acompañamiento instrumental, pragmático, sin incidencia profunda en la vida de las personas.

Pongamos un ejemplo de como la antropología personalista ilumina de modo especial el acompañamiento y el Coaching.

Vamos a partir de la definición de persona que ofrece el filósofo personalista Romano Guardini. Su obra Mundo y persona debiera ser de lectura obligatoria para psicólogos, coaches y toda persona que haga acompañamiento de otros (profesores, médicos, sacerdotes, pastores o rabinos, terapeutas…). En esta obra, al igual que en su obra previa El contraste,  había ofrecido como rasgo definidor de la persona o como modo de ser propio de la persona la autopertenencia (coincidiendo así con Xavier Zubiri, que afirma que la persona es suya, se pertenece). De la explicación que ofrece Guardini  de este término encontramos claves esenciales para el acompañamiento o el Coaching entendido en sentido integral y personalizante.

En primer lugar, afirma Guardini que la persona, por autopertenecerse, es irrepetible. Por tanto, quien acompaña a alguien siempre ha de estar abierto a lo inédito, a lo insondable, al misterio de estar con alguien único. Esto significa que no hay recetas, que antes de dar cualquier paso o hacer una sugerencia o lanzar preguntas socráticas, la persona ha de ser escuchada y valorada en su irrepetibilidad.

En segundo lugar, que la persona se pertenezca supone que tiene conciencia de sí. Por tanto, otra clave del acompañamiento o el Coaching será el que la persona, en el proceso de acompañamiento, gane progresivamente en conciencia de sí, de su circunstancia, de sus relaciones…que pase de estar dormido a estar despierto, a que descubra su cifra en el cosmos, su lugar, su llamada, su identidad…

La autopertenencia también supone que la persona es libre, lo que implica en acompañamiento o Coaching en clave personalista que  el objetivo es promover la libertad de la persona, es decir, su responsabilidad. La persona que viene a acompañamiento no es un ‘paciente’, no acude al Coaching para ‘que le arreglen’ un problema sino a hacerse cargo de su vida. Y, por tanto, a ser autora de su vida mediante la acción. En acompañamiento hay que pasar pronto del discurso sobre la vida a la vida discurriendo: cada sesión ha de acabar en propuestas de acción, pues sólo la acción cambia las cosas y muestra a la persona que su vida está en sus manos. La acción, además, permite que la persona se vaya configurando, vaya adquiriendo su propia figura, optando entre posibilidades.

Por último, que la persona se pertenezca muestra su radical dignidad, que nunca puede ser medio para otra cosa, que no puede ser manipulada, tratada como cosa, como caso, como número…

Cada persona, en fin, se pertenece a si por ser persona. Pero, además, tiene que ir realizando esta autoposesión de modo progresivo (que es a lo que el filósofo polaco Karol Wojtyla denominaba ‘autorrealización’, situando este término lejos de su acepción vulgar por parte del pensamiento existencialista).

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