Las nuevas tecnologías y el internet constituyen uno de los medios más revolucionarios, más transformadores y más posibilitantes de la historia de la humanidad. Como medio, Internet y las TIC tienen una enorme capacidad de transformación y ofrecen uno de los mayores abanicos de posibilidades prácticas al servicio de la persona de la historia.

Pero se trata, en efecto, de un medio. Y las posibilidades tecnológicas siempre se pueden utilizar a favor o en contra de las personas. La tecnología es éticamente neutral, por lo que siempre debe marcar los fines para los que desea utilizarla. Como medio es neutro, pero, como todo medio, se utiliza para unos fines. Y estos fines no son neutros, sino que entran de lleno en el ámbito de la ética. Y tampoco son inocuos los modos en que se utilizan.

Pero puede haber una grave perturbación de los medios tecnológicos previa al mal uso: hacer que la tecnología, que es un medio, se convierta en un fin en sí misma. En este caso, tendríamos que hablar sobre «tecnolatría”. La tecnolatría trae consigo que las personas están al servicio de la tecnología, no la tecnología al servicio de las personas. Y esto se produce cuando las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías producen deslumbramiento, dando lugar a exageraciones como las de los que afirman “lo digital terminará con el papel”, o que la impropiamente llamada “inteligencia artificial” ha superado la inteligencia humana. Sin embargo, los libros de papel gozan de una buena salud y, por otro lado, llamar a inteligencia lo que hacen las máquinas es mera metáfora, porque lo que hacen es imitar o simular actividades mentales, pero carecen de conciencia, libertad e identidad.

Evgeny Morozov afirmó en su libro The Madness of Technological Solutionism (Ed Katz) que, en el ámbito de la vida personal, afectiva, espiritual, las nuevas tecnologías prometen todo y proporcionan aplicaciones excepcionales para resolver problemas que no tenemos o atender a problemas insignificantes, pero no proporcionan soluciones a los grandes problemas personales, biográficos, sociales o demográficos. Solucionan todo, menos lo necesario.

Sin embargo, hay que reconocer que las nuevas tecnologías están permitiendo a los seres humanos dar grandes pasos que mejoran la vida humana: la revolución digital, la biotecnología, la robótica, la comunicación por Internet. Esta tecnología también permite a aquellos que pueden usarla y que tienen capacidad económica un poder inmenso, el más grande de la historia.

Pero la tecnología en sí misma no garantiza que las personas usen bien este poder:

  • La biotecnología se puede usar en medicina para salvar vidas o dar lugar a nuevas armas.
  • La robótica se puede utilizar para mejorar el transporte o para fabricar aviones de combate no tripulados con un enorme potencial destructivo.
  • Internet puede usarse para comunicar personas o atacarlas, ayudarlas o someterlas.
  • Las nuevas tecnologías pueden servir para mejorar la solidaridad humana o, como denuncia el filósofo coreano Byung-Chul Han, las nuevas tecnologías han terminado siendo los principales impulsores del capitalismo, aumentando su velocidad e inoculando a todos con la lógica del consumo y la eficiencia extrema.

A la vista de esto, es evidente que la educación en el aula, en casa o en cualquier otro foro educativo, debe traer consigo una educación en cómo usar y en para qué usarla. Por supuesto, hay que educar en cómo usarlas (tiempo limitado, preservar la intimidad, etc.) pero también en para qué usarla, porque de modo exponencial las nuevas tecnologías se están utilizando en actividades que perjudican a quienes las usan u otras en algún aspecto, psíquico o moral.

Algunas de las formas más habituales de mal uso son:

  • Acoso, acoso cibernético, que viola, ridiculiza, difama o intimida a una persona a través de las TIC. Esto a menudo va de la mano con una agresión contra la privacidad.
  • Uso de una identidad falsa o una identidad extranjera. La suplantación e incluso la identidad falsa son comunes para ocultar el crimen o la agresión que se cometerá.
  • Redes de prostitución a través de internet o cámara web. Son nuevas formas de prostitución, que reducen a las personas, generalmente mujeres, pero en la película es un hombre que desempeña este papel, lo que los demás deben utilizar con fines sexuales.
  • Estafas económicas gracias a varias formas de «ingeniería informática» que logran una gran opacidad en las operaciones. Obtener sus datos bancarios y claves de personas o empresas puede robarle sus ahorros.
  • Producción y el uso de sitios web que amenazan la salud (a favor de la anorexia, el terrorismo, diversas formas de fanatismo, etc.).

A la vista de todo esto, es evidente que junto con el crecimiento tecnológico, se requiere un crecimiento en la conciencia ética y la responsabilidad. Como criterio general, podemos decir que la tecnología que está al servicio de las personas y que se usa indebidamente si perjudica a las personas sería bien utilizada.

La lógica y la mecánica de las nuevas tecnologías del lugar a dos posibilidades:

  • o la persona los usa creativamente, siendo el dueño del instrumento.
  • o el instrumento mismo se impone a la persona, quedando bajo la lógica del mismo: hiperconectividad, anonimato, cosificación y docilidad al poder comercial que decide qué tecnología debemos consumir y en qué momento.

El deseo de «ser el último» hace que uno tienda a consumir cualquier novedad que llegue al mercado al colocar la vida de acuerdo con lo que se ofrece.

Y, para ello, la vía educativa pasa, como siempre, por hablar de ello con claridad a nuestros hijos, alumnos, amigos… vincular la conciencia ética con las nuevas tecnologías. La educación ética es tanto más importante cuanto más crecen los nuevos usos sociales de las nuevas tecnologías.

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