Sin duda les resultará llamativo saber que tras el 90% de los malos resultados académicos de los alumnos no se encuentran dificultades intelectuales sino emocionales. Y tras el 95% de los fracasos matrimoniales no se encuentran problemas de incompatibilidad, infidelidades, sino que son manifestaciones de heridas emocionales anteriores nunca resueltas. Nuestras heridas emocionales e interiores, que proceden de no haber sido queridos, aceptados o valorados, de que no se cubrieron nuestras necesidades interiores, son la causa de la mayor parte de los problemas de la vida adulta (laborales, de pareja, de convivencia, sufrimientos personales).

Somos heridos cuando se ha producido una agresión o una carencia respecto de la necesidad más profunda que tenemos: la necesidad de amor. Necesitábamos de padre, madre, hermanos, profesores, amigos, amor, atención, respeto, cariño, pero en alguna ocasión recibimos desatención, burla, agresión, desprecio, acusación…. Esto es lo que produce la herida.

Profesores, psicólogos, médicos, terapeutas, padres, madres y toda persona que hace acompañamiento a otras personas, encuentra una situación a la que ha de dar respuesta: las heridas interiores.

Dado que, en realidad, la salud no es un concepto meramente biológico ni psíquico, quien acompaña a otros ha de saber cómo afrontar las heridas personales del otro.

Igual que hacemos cursillos de ‘primeros auxilios’ para saber cómo afrontar heridas físicas, resulta imprescindible que hagamos algún tipo de formación en ‘primeros auxilios interiores’, que nos permitan ayudar a las personas a su recuperación y restablecimiento integral de la persona.

Para la sanación afectiva de nuestras heridas es necesario llevar a cabo previamente un ejercicio de fortalecimiento, de cuidado de uno mismo.  Afrontar heridas es un trabajo duro, por lo que es necesario previamente lograr una cierta fortaleza personal que permita afrontar sufrimientos y reconstruir la vida. Una parte importante del curar consiste en cuidar. Una manera de curarse consiste en cuidarse.

Por eso, este ‘cursillo de primeros auxilios interiores’ debiera mostrarnos cómo cuidarnos nosotros mismos y cómo favorecer el autocuidado, cómo recuperar el amor a uno mismo, cómo sanar las relaciones con uno mismo y con los demás y cómo lograr fortalecernos lo suficiente para poder ver los problemas como oportunidades para el crecimiento.

Y esto, que nos viene bien a todos, resulta urgente a quienes por su trabajo o por su vocación se dedican al acompañamiento de otros. La mayor parte de nuestras reacciones inadecuadas, de nuestros miedos, compulsiones y bloqueos proceden de heridas que siguen presentes, de heridas ocultas que nunca hemos digerido.

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