Cuando se acompaña a una persona, en el sentido riguroso que aquí utilizamos, o cuando realiza coaching con ella hay una dimensión que debe estar siempre presente: la dimensión espiritual. Acompañar o hacer coaching, si quiere ser personalizante,  debe realizarse desde una perspectiva integral, no sólo intelectiva, o afectiva, sino también corporal, relacional y, sobre todo, espiritual.

Cuando explico esto hay quien confunde lo espiritual con lo religioso o con lo espiritualista o con lo místico. A nada de esto nos referimos. Lo espiritual es la dimensión más honda de todo ser humano, creyente o ateo, joven o adulto. Es la dimensión más honda de la interioridad, la que permite que la persona tenga una identidad (sea un quien, no un qué), viva con unidad su vida. La espiritualidad es la dimensión desde la que la persona es capaz de amar, creer y tener esperanzas, es la dimensión en la que se descubre que la propia vida tiene un ‘para qué’ que todo lo ilumina.

Un modo eficaz de acompañar la dimensión espiritual puede consistir en  proponer ciertas experiencias y, luego, descubrir qué  le han aportado al acompañado o qué ha descubierto a través de ellas. Sin ánimo de ser exhaustivos, podemos enumerar las siguientes:

    1. Cultivar el Resulta imprescindible proponer experiencias y tiempos de silencio activo, de ruptura con todo ruido y actividad. Es un tiempo de estar atentos y a la escucha, de vaciamiento de todo ruido y actividad. Es pasividad, contrario al dispersarse -propio de la mucha actividad-. Guardar silencio es lo que permite fluir la vida interior, y la vida interior es la que permite el descubrimiento del sentido en la propia vida.
    1. Todas las religiones de oriente y occidente recomiendan la meditación. Esta actividad, muy desarrollada por los maestros espirituales cristianos (desde el comienzo y de modo especial en el siglo de oro), y que también se ha cultivado en oriente, busca la visión serena y correcta de la realidad, impidiendo que la mente divague de una idea o imagen a otra. Existen varias formas de meditación. Las más adecuadas para trabajar con el acompañado son las siguientes: 
      • Un primer tipo de meditación es aquella que consiste en abrir la atención para buscar la plena consciencia de lo que se siente y de lo que se escucha, sin elegir nada concreto en lo que posar la conciencia. Sólo se atiende a lo que se hace presente.
      • Otro tipo de meditación más elaborada es la que consiste en la concentración de la atención en un solo punto o sensación. Tanto la tradición cristiana monacal como la budista proponen este modo de meditación que consiste en focalizar la atención en un sólo punto, sensación y objeto (llama de vela, mantra, frase, centro corporal, concentración en observar la respiración propia, etc.).
      • Una tercera forma de meditación es la de búsqueda, en la que se toma como leitmotiv una parábola, una metáfora, una pregunta; y más allá de los propios juicios y prejuicios, dejamos que la imagen, parábola, frase o pregunta nos interpele sin barreras de ningún tipo.
    1. Encuentros con personas vitalizantes, con modelos de humanidad. Una de las experiencias que más promueven el descubrimiento y desarrollo de la vida espiritual es el encuentro con personas que tengan una gran experiencia espiritual, personas de ‘alto voltaje’ interior.
    1. Lectura de relatos iluminadores de la propia vida. Nuestra vida es narrativa y nosotros mismos nos la narramos. Acudir a narraciones externas significativas resulta esclarecedor de la propia vida pues nos ofrece nuevas perspectivas, claves para interpretar nuestra propia vida. Especialmente esclarecedores pueden ser, por ejemplo, libros sapienciales, como el libro de los Proverbios o los Salmos en la Biblia. También será de gran ayuda la reflexión a partir de la lectura de filosofía adecuada (leer a Romano Guardini, a Viktor Frankl o a Platón o San Agustín, por ejemplo, nos pone directamente en contacto con las más profundas preguntas y respuestas), o de libros de espiritualidad, narraciones, parábolas o novelas que reflejen la excelencia humana. En general, la lectura de este tipo de textos provoca grandes preguntas, asombro y nos hace asomarnos al misterio, condición para la experiencia de lo espiritual.

  

En conclusión: Un acompañamiento integral y una maduración integral de la persona incluye, de modo especial, la atención a la dimensión espiritual, que es la más `profunda de la persona. Y  el cuidado de lo espiritual, necesario y hoy difícil a causa de fenómenos como la infoxicación o la conectividad peramente,  pasa por experiencias como  el silencio, la meditación, el encuentro con personas de alto voltaje espiritual y la lectura de narraciones iluminadoras.

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