Para completar nuestra definición de la función propia de un coach familiar, en clave de coaching personalista, vamos a definirlo por contraste de otras actividades profesionales con las que creemos que tiene un papel sinérgico y complementario. Partimos de la base que el coach familiar realiza una actividad bien precisa: acompañamiento de familias (en el sentido preciso que le damos al Acompañamiento en el Instituto da Familia o en el Instituto de Acompañamiento de la UFV).

Bajo esta perspectiva, el coaching familiar NO se puede confundir con:

1.  Mentoring o tutoría, en el que una persona va tutorizando, desde dentro de una organización (educativa, eclesial, empresarial), un proceso de cambio o de mejora. El mentor transmite sus conocimientos y experiencia al mentorizado para facilitarle su integración en la organización o grupo. Por la autoridad del mentor, no se dialoga ni se discute sobre lo que dice, sino que se acepta. Por el contrario, en el Coaching familiar, el protagonista no es el Coach sino el matrimonio o la familia: ellos son los expertos en sí mismo. El coach familiar es un facilitador que ha de favorecer la autonomía y responsabilidad de los acompañados. Serán ellos quienes tendrán que tomar sus decisiones, que descubrir su situación y elaborar su propio proyecto vital. Una diferencia básica entre mentor y coach es que aquel parte de su propia experiencia, y de sus normas y cánones, ofreciendo un modelo concreto de éxito.

2. Counseling o consultoría familiar, en la que se ofrecen soluciones concretas o indicaciones técnicas sobre cómo afrontar determinada circunstancia familiar, matrimonial o educativa, desde una perspectiva multidisciplinar e integradora. El consejero familiar o counselor aporta orientaciones expertas sobre problemas concretos de la familia, el matrimonio, sus integrantes. En el Coaching familiar también se busca el desarrollo integral, pero trasciende las meras mejoras técnicas u organizativas, para llegar al terreno de la plenitud personal, matrimonial y familiar. Pero no se trata tanto de un asesoramiento como de una búsqueda conjunta del matrimonio o familia y el acompañante.

3. Psicología familiar o Psicoterapia, en los que se focaliza el trabajo en afrontar disfunciones y desórdenes psicológicos. En muchos aspectos hay una gran proximidad con el coach familiar en cuanto al proceso seguido, a las actitudes del terapeuta y su relación con el acompañado, al trabajo con la dimensión emocional… De todas formas, el Coach no está capacitado per se para acompañar trastornos psicopáticos ni emplea técnicas terapéuticas. Si se encuentra con una de estas situaciones ha de derivarlos a un psicólogo o un psiquiatra (por lo que, en todo caso, debe conocer algo de psicopatología). Esto no obsta para que, de modo indirecto, los procesos constructivos y sanadores puestos en marcha durante el proceso de Coaching familiar tengan como resultado la mejora en ciertos síntomas ‘neuróticos’ producidos por los problemas o situaciones en las que la familia o el matrimonio estaban incursos. Así, por ejemplo, ayudar a un matrimonio a resolver positivamente una crisis de pareja puede traer como efecto la disminución de la ansiedad que, como efecto de dicha crisis, podía atenazar a alguno de los miembros de dicha pareja. En todo caso, lo que un coach familiar o acompañante familiar no hace es etiquetar ningún caso, ningún síntoma, utilizar el DSM-V. Salvo situaciones de psicopatología, etiquetar y tomar las situaciones como ‘casos’ no sólo no ayuda a las familias y matrimonios, sino que les hace un flaco favor pues, habitualmente, no son enfermedades ni trastornos psicológicos lo que tienen sino dificultades y desajustes en sus relaciones.

Frente a los anteriores, el Coaching familiar o Acompañamiento familiar lo que pretende es acompañar y desarrollar:

 

    1. Las propias potencialidades de cada familia, matrimonio y la de sus integrantes en relación.
    2. La captación de la realidad en la que están y sus posiciones ante ella.
    3. Las habilidades, hábitos y competencias necesarios para afrontar su situación y para su maduración.
    4. El descubrimiento de las actitudes, afectos y decisiones necesarias para su crecimiento y maduración.
    5. La toma de conciencia de los valores y creencias que orienten el proceso de crecimiento y afrontamiento de situaciones.
    6. Descubrimiento de la propia identidad y proyecto de vida que se pretende.
    7. Ser agentes y autores de microcambios continuos que les conduzca hacia una situación de mayor madurez, mejor comunicación y crecimiento relacional y personal

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