En toda persona constatamos que existe un deseo de plenitud, de dar-de-sí, de aspiración a existir en plenitud o voluntad de ser. Este deseo es un deseo más allá de todas sus motivaciones, de los deseos naturales y los promovidos socialmente. Es un deseo de ir más allá de sí misma y sobrepasarse. En esto consiste, en una primera acepción, el Beingfullness: en la dinamismo humano que nos impulsa a la propia plenitud, tanto personal como relacional o comunitaria.

Empíricamente, constatamos que toda persona aspira siempre a más (profesionalmente, económicamente, afectivamente, intelectualmente, socialmente), y que es difícil que alguien esté ya conforme con lo conseguido en algún ámbito de su vida. Pero también es patente que la satisfacción de los deseos nunca calma el deseo de plenitud. Más allá de los deseos y querencias concretas de la persona, la persona es querencia de ser ella misma en plenitud, de vivir una vida relacional en plenitud. La persona es voluntad de ser en plenitud.

Por su voluntad de beingfullnes, la persona nunca puede ser quietud: el deseo es inquietud, pregunta, es búsqueda. Lanza a la persona a la búsqueda de aquello que le puede dar un sentido, del camino por el que pueda dar-de-sí. Pero lo que la persona busca siempre es plenitud, equilibrio, vivir unificada y equilibradamente todas sus dimensiones: corporal, intelectual, afectiva, volitiva y espiritual. También es deseo de vivir unificadamente el cultivo de su intimidad y la realización de su apertura a otras personas mediante el encuentro con ellas.

Este deseo de plenitud se concretará para cada persona en una orientación esencial en su vida. Más allá de lo que nos dice Maslow, no es su realización lo que en última instancia busca la persona. La persona busca su plenitud -de la que dependerá su felicidad-. Pero porque la persona percibe o experimenta, más o menos conscientemente, este deseo, también percibe una carencia, una privación. Por eso, su vida es inquietud y dolor: percibe la distancia entre lo que es y lo que está llamada a ser. Sin embargo, la inquietud, el dolor o la tristeza no son la última palabra: el deseo trae consigo una promesa de plenitud. Por eso, la persona es esperanza de plenitud. Y, como tal, su vida puede ser felicidad incoada, alegría.

El beingfullness, en segundo lugar, consiste en mostrar y promover los acontecimientos y caminos por los que la persona puede ir a más, en los modos de promoción del desarrollo integral de la persona y las comunidades personales. Por eso, el beingfullness está necesariamente ligado a una praxis de acompañamiento personal, pues se constituye como la finalidad de todo acompañamiento.

 

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