Sobre la retroalimentación o feedback.

Imaginemos una carrera de 800 metros en un estadio olímpico. Los atletas van a comenzar a dar su segunda vuelta de las dos de las que consta la prueba. Todos van más o menos igualados salvo uno al que están a punto de doblar. Pero no se trata de un atleta lesionado o incapaz. Al revés: posiblemente era el favorito para ganar la prueba. Pero lo que sucede es que, sin él darse cuenta, ha salido a competir con unas pesadas cadenas.

Por paradójico o asombroso que pueda parecer, es así como salen muchas personas correr las diversas carreras y pruebas de su vida. Tienen cadenas que les frenan, pero no las ven y no se ven.

La primera dimensión que ha de darse en todo proceso de acompañamiento es una toma de conciencia por parte del acompañado respecto de sí mismo y de su situación. Y este incremento de conciencia o darse cuenta resulta imprescindible dada la ceguera, parcial o total, que todos tenemos respecto de nosotros mismos.

En general, no vemos de nosotros o de nuestra circunstancia lo que no queremos ver o lo que resulta molesto de ver (porque supondría un cambio que no queremos realizar) … o lo que no podemos ver de momento por autoprotección o porque creemos que no podemos con ello. Pero todo proceso de crecimiento, de sanación, de maduración o terapéutico ha de comenzar con, tocar realidad, con ver las cosas como son. Po eso, el acompañamiento ha de servir para que la persona (o personas) acompañada obtenga información sobre sí, para que deje de vivir desde lo que imagina que son las cosas y él mismo y comience a vivir desde cómo son las cosas y como es él. En acompañamiento, por tanto, habría que ir “a las cosas mismas”.

Esto, de modo masivo, es posible conseguirlo en el trabajo con grupos, facilitando que cada uno descubra como le ven los demás. Pero también esto puede ocurrir en el acompañamiento con una sola persona. Para ello, el acompañante ha de dar un adecuado feedback, confrontar, hacer preguntas para que la persona vea mejor lo que ocurre y a sí mismo. La dificultad está en que hay que hacer todo esto, la retroalimentación, la confrontación y las preguntas, de modo muy delicado, para que nunca sean sentidas (y menos ejecutadas) como juicios sobre la persona o como acusaciones.

Digamos algo de uno de estos tres modos tan relacionados entre sí (feedback, confrontación, preguntas) para favorecer que la persona tome conciencia de sí: la retroalimentación o feedback.

La retroalimentación consiste en dar información al acompañado de lo que se ve en él: pero no se trata de mostrar juicios de lo que le sucede sino de observaciones de lo que vemos en él aquí y ahora, en la propia sesión, en lo que él nos cuenta, y de modo inmediato a lo que observamos que hace o dice. Dar feedback es dar informaciones sobre lo que veo e el lenguaje verbal o no verbal (“observo que cuando le hablas no miras a tu esposa”; “las respuestas que me das siempre son genéricas e impersonales: nunca me hablas de ti” También podríamos hacer preguntas para que lo descubra: “¿A dónde miras cuando hablas a tu esposa? ¿Podrías intentar decir lo mismo pero en primera persona?). Por supuesto, no deslizamos ninguna interpretación o juicio a continuación. Lo que podemos, eso sí, es preguntarle si lo ha observado él, sobre qué le parece mi observación, sobre cómo me siento o para qué cree que actúa así. Pero lo importante es que se de cuenta de lo que hace o dice.

El terapeuta Irvin Yalom, en su ensayo El don de la terapia afirma que lo que él suele hacer, para que la persona no se vea descalificada por nuestra observación, es apelar a las diversas “partes” del interior de cada persona. Por ejemplo, en el caso del esposo que habla sin mirar a su esposa, podríamos decirle “veo que una parte tuya, muy grande, comunica cariño a su esposa, quiere lo mejor para la pareja, la trata con afecto, tiene deseos de comunicación…. pero hay otra parte no se atreve o le cuesta mucho encontrarse con ella, comunicarse con ella. Quiero tratar con el primero, con la parte que manifiesta cariño, servicio, atención y amor a su esposa para que le ofrezca sus claves a la segunda. Recordemos que esto va en la línea de nuestro acompañamiento en el sentido de que siempre nos fijaremos (para que así lo descubra el acompañado) en lo positivo, en lo que ya hay de constructivo, en los dones y cualidades, para desde esa luz hacer que disminuya la oscuridad que vemos. Por tanto, tomar conciencia a través de la retroalimentación no puede ser sólo tomar conciencia de las cadenas que uno lleva sino también de todo lo positivo que y hay en la propia vida. Insistir en dar una retroalimientación sólo de carencias y distorsiones puede ser destructivo y paralizante. El acompañado ha de tomar conciencia de sus cadenas para romperlas, pero también, sobre todo, de su fuerza y de sus capacidades únicas.

En conclusión, si alguien pretende acompañar con rigor y eficacia a matrimonios y familia has de saber que no basta ni la buena voluntad ni la vocación de hacerlo: hay que formarse con máximo rigor.

Para saber más:

Visita nuestro Master online

 

 

No hemos podido suscribirlo. Favor intente de nuevo.
Recibirás un correo electrónico para confirmar su suscripción

Suscríbete 

Usamos Sendinblue como plataforma de marketing. Al hacer clic a continuación para enviar este formulario, consiente que la información proporcionada sea transferida a Sendinblue para su procesamiento de acuerdo con sus términos de uso

Usted se ha suscrito