Efectos de no estar bien formado en acompañamiento familiar. Muchas son las personas que sienten que pueden aportar mucho a familias, matrimonios o padres y madres en dificultades.
Con alegría están dispuestas a encontrarse con familias o matrimonios para acompañarlos en sus crisis y dificultades, pues desde la propia experiencia descubren que pueden aportar mucho a otros. En verdad, son sensibles a las dificultades de estas familias, matrimonios o padres, lo que es maravilloso. Desafortunadamente, si no adquieren una formación específica, con frecuencia hacen más daño que bien.
Por eso, es bueno tomar conciencia algunos de los errores básicos en las que incurren estas personas vocacionadas y bienintencionadas, pero con escasa o nula formación específica para el Acompañamiento familiar y matrimonial. Algunos de los errores más comunes en estos acompañantes sin formación son:
- Tras escuchar un poco “el problema” que le presentan, en seguida lo clasifican y sacan de su repertorio diversos consejos con el convencimiento de que son el camino único que esas personas con dificultades han de seguir. Se creen, por tanto, expertos en los conflictos ajenos, pero en realidad sin haber dejado que ese matrimonio o familia dejando a ese matrimonio sin escuchar a fondo y sin la posibilidad de que tomen la vida en sus manos.
- Cuando hay un conflicto entre esposo y esposa, o entre madre/padre e hijo, toman partido por uno (habitualmente por quien le ha llamado o pedido que les ayude) y trata de que el otro cambie en cierto sentido. Por ejemplo, si una madre viene con su hijo adolescente porque es un caprichoso, desordenado e iracundo, tratará de argumentar al hijo por qué ha de cambiar y le propondrá tareas para que lo haga y reaccione así ante la queja de la madre, sin sospechar siquiera el inculto acompañante que, posiblemente, sea la madre quien más tenga que cambiar su estilo educativo.
- Dedicará sesiones de encuentro solo para escucharlos sin favorecer que la persona o familia que está quejándose de sus males tome una decisión concreta de una acción para cambiar algo. Salen de la sesión sin un solo objetivo de acción, limitándose la sesión al análisis de la situación y a revisar el pasado. No sospecha el bienintencionado acompañante no cualificado que dejar que la acompañado se explaye contando sus males, sin dar un paso más allá, favorece su victimismo e impide que dé un paso. En realidad, si sale de la sesión el acompañado o acompañados sin objetivos de acción, todo habrá quedado en un estéril bioanálisis, psicoanálisis o “familianálisis” que, como mucho, incrementará el dolor por la situación.
- Si se concluye alguna acción para el cambio, la suele proponer el acompañante inculto y lego, lo que en realidad impide que la familia o matrimonio acompañado se hagan responsables de si mismos.
- Si se concluye alguna acción, muchas veces es tan genérica y abstracta y poco matizada que en realidad es un desiderátum más que un objetivo concreto de acción que cambie las cosas. El acompañante sin preparación no lo confrontará ni exigirá precisión.
En conclusión, si alguien pretende acompañar con rigor y eficacia a matrimonios y familia ha de saber que no basta ni la buena voluntad ni la vocación de hacerlo: hay que formarse con máximo rigor.
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