Daños evitables de padres a hijos

Cronológicamente, la primera función de una sesión de acompañamiento matrimonial o familiar es la de despertar al matrimonio o familia que asiste al acompañamiento.

Despertar a alguien, en este sentido, significa promover que tomen conciencia. ¿De qué han de tomar conciencia unos padres o una pareja o matrimonio que viene a ser acompañados? Ante todo, de su dignidad. En segundo lugar, de sus fortalezas, de lo que ya hacen bien. Pero, después de tomar conciencia de esto, también han de tomar conciencia de su propia participación en el desorden o crisis que sufren.

Y este despertar, que no sólo es una tarea del acompañamiento sino también de una pedagogía y educación a los padres, debe traer consigo la conciencia de las consecuencias de lo que hacen o de lo que dejan hacer o dejan de hacer como padres. Es bueno que a través del acompañamiento (o de las escuelas de padres y madres) los padres y madres despierten de la inocencia y la ignorancia en la que quizás viven para descubrir que algunas de sus actitudes dejan hondas heridas en sus hijos.

Y es bueno que se tome conciencia de que lo que los padres hacen o no hacen tienen consecuencias devastadoras en los hijos, de los que son responsables. Así:

  1. La mala relación de los padres entre sí, su falta de afecto, sus dificultades para la comunicación, su clima de indiferencia o de hostilidad, deja huellas fuertes en los hijos, quienes por ósmosis habrán asimilado esas carencias y esa falta de afecto.
  2. Especialmente graves para los hijos son, tanto mental, emocional como personalmente, las rupturas de los padres. Divorcios y separaciones dejan huella afectiva y desestructuración en los hijos con consecuencias catastróficas (en claves psicoterapéuticas). Por eso sorprende que muchas de las parejas con hijos que se separan o divorcian, lo que en sí es una tragedia, lo despachan con un “son cosas que pasan”, no dándole mayor importancia y afirmando que ahora van a rehacer su vida y a, por fin, vivir. Los que no podrán rehacerse en mucho tiempo “ni por fin vivir” son sus hijos.
  3. El dejar a los hijos que manejen sin limites ni horarios ni educación sobre ello el móvil, las redes o el acceso a internet trae consigo muy frecuentemente incremento de la hiperactividad, atrofia en la capacidad relacional, pérdida de capacidad de lecto-escritura, aturdimiento cognitivo, pérdida de la capacidad abstractiva, impulsividad…. Y, en un porcentaje altísimo, impacto negativo de “influencers”, adicción al propio móvil o a los juegos, adicción a la pornografía (esto ya, frecuentemente, desde los ocho años, edad en las que los padres regalan o permiten que le regalen al niño su primer móvil con acceso libre a internet).
  4. La ausencia de normas claras en casa o la contradicción entre las normas del padre y de la madre, unido a una sobreprotección que lleva a evitar al hijo las consecuencias negativas del incumplimiento de las normas.

Los centros educativos de toda España son testigos de la devastación que estas y otras actitudes con origen en la familia tienen en los hijos, con el resultado de un enorme sufrimiento en los hijos, agravado por la la incapacidad del sistema de salud mental de hacerse cargo de tanto trastorno.

Si hay una época en la que urge la preparación de la población en general para el acompañamiento familiar, es esta.


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Para saber más:

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