Venenos mortales para la convivencia

Existen actitudes que son venenos para el alma y para las relaciones. Conviene, en un proceso de acompañamiento, informar sobre estos venenos para, si los han tomado, buscar con presteza los antídotos o, si no los han probado, se abstengan de hacerlo.

El matrimonio y la familia están configurados por dos movimientos interiores básicos: la acogida incondicional del otro y la donación plena al otro. Este es el camino obligado para la plenitud y felicidad matrimonial y familiar, pero desde esta perspectiva hay ciertas actitudes contrarias a las dos mencionadas que actúan como auténticos venenos en las relaciones matrimoniales y familiares.
En primer lugar, la indisponibilidad, que es aquella actitud por la que una persona atiende sólo a los propios intereses, no siendo prioritaria la vida del otro con quien convive. Vive así quien renuncia a toda responsabilidad por el otro.

Paradigma de esta postura es la pregunta de Caín, tras ser inquirido por su hermano: “¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano? Mutatis mutandis, hay quien piensa: “¿Soy yo acaso el guardián de mi esposa/esposo?” “¿Soy yo acaso el guardián de mi hijo/hija?”

En segundo lugar, la indiferencia, que es la actitud por la que el otro (mi esposo/esposa, mi pareja, mi hijo/hija…) no me importa. Su vida no es algo que me sucede, sino que le sucede a él y que a mí no me afecta. Quien así vive (frecuentemente absorbido por su trabajo, su prestigio, sus ocupaciones), es inmune a los demás reduciendo la convivencia a mera coexistencia.

Otra actitud que impide la relación es la acusación, que consiste en hacernos cargo del otro sólo para acusarle, para establecernos como jueces del otro, para etiquetarle, para descalificarle… Procede de la pretensión de que el otro se someta a los propios criterios o deseos y conduce a la satanización (satán en hebreo significa adversario, acusador) e infernalización de las relaciones personales.
Finalmente, la forma más radical de negación del encuentro es la cosificación, la reducción del otro a ser un conjunto de cualidades más o menos útiles, a mera cosa a mi servicio, a un instrumento para mi uso o placer.

Si se descubre que estos venenos ya se han ingerido, dado que sus efectos son letales, conviene buscar inmediatamente antídotos.

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