Un proceso de Acompañamiento, se realice este con una persona o un grupo, ha de partir siempre de la toma de conciencia, es decir, el acompañado o acompañados han de darse cuenta de en qué situación están.

Y es que, no olvidemos que nadie lleva a cabo un cambio si no sabe a dónde ir, pero tampoco si no sabe de dónde parte.

Aunque no el único, el modo preferente en que se estimula esta toma de conciencia del acompañado son las preguntas. Por eso, en esta entrada, presentamos una batería básica de cuestiones que convendría plantear a una persona o grupo para propiciar que descubran si sufren o no obesidad digital (o, incluso, para que comiencen a preguntarse si su comportamiento puede considerarse como adictivo).

Antes, sin embargo, nos gustaría aclarar ciertas cuestiones en relación con el tema que nos ocupa.

En general, denominamos “obesidad digital” al incremento desmesurado del tiempo online en detrimento del offline. Esto es, del mismo modo que los adipocitos son necesarios (porque los lípidos son imprescindibles como fuente de energía, para poder hacer viables ciertas vitaminas y permitir ciertas síntesis), pero en exceso constituyen un gran factor de riesgo para la salud física; si acumulamos demasiados “adipocitos digitales”, estaremos poniendo en peligro nuestra salud psíquica (en muchos aspectos: cognitivos, relacionales, etc.).

Manfred Spitzer, director del Centro de Transferencia de Conocimientos para las Neurociencias y el Aprendizaje (situado en Alemania), en su libro Demencia Digital afirma: “Los ordenadores no fomentan la formación de niños y adolescentes, sino que más bien la impiden o, en el mejor de los casos, no producen efecto alguno…”, y demuestra que las redes sociales conducen a los jóvenes “al aislamiento social y a contactos superficiales… volviéndoles solitarios e infelices”. Además, basándose en el informe PISA (entre otros), este autor vincula directamente el uso de ordenadores con el fracaso escolar.

Es fundamental, por tanto, comenzar a tomar conciencia de la situación. Para ello, al niño, joven, adulto o grupo al que acompañemos (también es sano hacérnoslas nosotros mismos), habremos de formularle estos cinco interrogantes:

  • ¿Has observado si a partir del momento en que empezaste a utilizar habitualmente las nuevas tecnologías lees más o menos? ¿Lees más tiempo seguido o menos?
  • ¿Has observado si a partir del momento en que empezaste a utilizar las nuevas tecnologías de forma habitual escribes textos más largos o más cortos?
  • ¿Tus razonamientos en la actualidad son más elaborados o menos que cuando leías más y usabas menos las nuevas tecnologías?
  • A la hora de realizar un trabajo o investigación, ¿sabes consultar diversas fuentes de modo crítico o analítico?, ¿las entiendes y elaboras sus conclusiones o ‘recortas y pegas’ uno tras otro los contenidos encontrados (sin necesidad de que exista conexión entre ellos ni reflexión a partir de los mismos)?
  • ¿El uso de tu memoria ha crecido o, en general, prefieres no memorizar porque ‘ya está todo en Google’?

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