Aunque el Acompañamiento aprovecha algunas de las herramientas y técnicas procedentes del coaching tradicional, también desarrolla estrategias propias, pues se sitúa en una perspectiva radicalmente distinta. Veamos estas diferencias a través de un ejemplo concreto.

Herramienta: matriz costes/beneficios

El coaching (lastrado por el pragmatismo) busca la eficacia y, por tanto, considera que, para que una opción sea viable, la balanza ha de resultar “positiva”, esto es, los beneficios deben de ser mayores que los costes.

Sin embargo, el criterio de elección varía radicalmente en el Acompañamiento (no olvidemos que este se sitúa en una perspectiva antropológica).

Herramienta: matriz de congruencia con la llamada

A la hora de decantarnos por una opción, el Acompañamiento nos propone que implementemos esta otra matriz ya que, con ella podremos analizar si las alternativas contempladas favorecen o no favorecen la llamada.

Es decir, de lo que se trata en este caso es de emplear un procedimiento que permita a la persona tomar conciencia de la adecuación o inadecuación (convergencia o divergencia) de su situación actual y de su situación ideal respecto de su llamada.

Así, si la opción y sus consecuencias resultan congruentes con la propia llamada, diríamos que son aceptables (aunque la alternativa no sea la más beneficiosa en términos pragmáticos o aunque tenga fuertes costes). Y, del mismo modo, si una opción no resulta congruente con la llamada, aunque tenga grandes beneficios, no podremos validarla.

Y quizás también haga falta aclarar que el término “beneficio” no implica lo mismo para una disciplina y otra.

Este concepto, habitualmente se traslada a criterios materiales (ganancia económica, ventajas adquiridas, éxito material, placer…), lo cual encaja muy bien en la raíz pragmática del coaching y explica por qué cuando, primero el empirismo, luego el positivismo y finalmente el pragmatismo, hablan de beneficio no se refieren nunca al crecimiento personal, sino a que las consecuencias de una acción traen consigo una utilidad o una ventaja (laboral, económica, social o política).

Pero el criterio de utilidad o éxito no tiene cabida si nos movemos a una esfera como la del crecimiento personal. En este contexto (alejándonos de la perspectiva del pragmatismo y, por ende, del coaching), una opción tan sólo sería válida si pudiéramos considerarla boniciosa, bonificante o plenificante.

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