La apasionante misión de ser padre y ser madre (hoy tan eclipsada por la disolución cultural de las identidades sexuales) se traduce en tener que responsabilizarse de una misión que nadie te ha explicado bien cómo hacer.

Es esta (la maternidad/paternidad), por tanto, una profesión en la que primero ejerces y luego haces la carrera. Y quienes nos preocupamos por cómo estamos ejerciendo y viviendo nuestro ser de padres, terminamos descubriendo que, en realidad, no está claro qué es lo que hay que hacer con nuestros hijos/as en cada una de las nuevas circunstancias en las que nos vemos inmersos o en cada vuelta del camino de su vida.

Como progenitor, quizás te resulte familiar alguna de las siguientes situaciones:

  • Una madre o un padre se enfada y riñe a su hijo/a porque no hace su cama o no mantiene su cuarto ordenado. Pero como la primera/el primero no soporta ver la cama desecha ni la habitación manga por hombro, termina por hacerla o recogerla ella/él. El hijo/a, por tanto, no hace la cama y no ordena el cuarto y esto, de nuevo enfada a la madre/padre… eternizándose así el problema.
  • Un hijo/a da malas contestaciones a los padres, tratándoles despectivamente o agresivamente y esto genera enfado y conflictos en el hogar familiar.
  • Un hijo/a pasa cada vez más tiempo con el móvil o los videojuegos y esto ha empezado a afectar a la convivencia familiar. Los padres, enfadados, le riñen al percibir que la situación ya está llegando a cierto extremo. Sin embargo, cuando tratan de hacerle ver la realidad de lo que ocurre, el hijo/a reacciona mal, muy mal. Ante ello, los padres terminan transigiendo y se mantienen en un segundo plano para evitar que surjan tensiones.
  • Unos padres se enfadan mucho tras recibir el boletín de notas de su hijo/a. Los resultados obtenidos al final de la evaluación son objetivamente malos, pero cuanto más riñen al hijo/a, este/a más se ‘repliega’.
  • Un hijo/a utiliza sistemáticamente las rabietas y enfados para chantajear a sus padres y así conseguir lo que quiere.

Ante estos y otros casos a los que como padre o madre te enfrentas cada día, ¿qué es lo que puedes hacer? ¿Eres de los que teme los conflictos y prefiere no intervenir?

 

Al convivir con otros, resulta inevitable que surjan roces y conflictos. Por ello, en los contextos en que nosotros o nuestros hijos pasamos más tiempo conviviendo con otros (en familia, en el colegio, en el trabajo…) será donde nos encontraremos con más situaciones de este tipo.

No obstante, el conflicto no nos puede asustar: es parte del guion de la vida. Cuando surge, sólo hay una posibilidad de fracaso: no afrontarlo. Entonces, ¿cómo hemos de actuar?

En primer lugar, hemos de tomar conciencia de qué hemos hecho una y otra vez y no ha funcionado. De este modo, una vez que hayamos descubierto que llevamos riñendo a nuestro hijo/a quince años por lo mismo y no ha cambiado, es probable que nos planteemos cambiar de “estrategia”.

Luego tendremos que descubrir qué actitudes correctas hemos de adoptar para afrontar conflictos. Ante todo, debemos darnos cuenta de que estos (la mayor parte de las veces) no aparecen en base a lo que nos ocurre sino a raíz de lo que unos y otros interpretamos respecto de eso que nos acontece. Por tanto, tras descubrir la distancia entre lo que ocurre y lo que interpretamos, cambiaremos (o ayudaremos a cambiar la interpretación del hecho).

Por otro lado, es conveniente que en estos contextos procedamos con ciertas actitudes básicas: escuchar sin sentenciar, proponer al hijo/a que busque opciones… para que, todos juntos, podamos hallar soluciones.

Y para terminar, no olvidemos que dado que los conflictos tienen un componente afectivo esencial, tendremos que aprender a gestionar bien nuestros afectos. Asimilando más tarde los principios que sustentan el familybuilding: trabajar bien la autoridad paterna/materna, poner normas claras en el hogar (con consecuencias firmes en caso de incumplimiento), dar afecto incondicional, mantener siempre abiertos los canales de comunicación y colaborar entre todos para la resolución del conflicto.

Esta forma de proceder nos permitirá dejar atrás las situaciones que, como padres, nos preocupan o hacen sufrir, al tiempo que descubriremos que cada nuevo conflicto es, sin duda, una ocasión de crecimiento y maduración para nosotros y también para nuestros hijos/as.

 

Para saber más:

Curso online: Aprender a resolver conflictos con los hijos

 

 

 

 

 

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