El acompañamiento no sólo tiene por objetivo el crecimiento personal y la maduración, sino también la sanación personal. El término “sanación”, a causa de su devaluación por parte de pseudoterapias, de la New Age, de pseudoreligiones orientalizantes o de ciertos libros de autoayuda, ha quedado muy degradado. Por otra parte, a causa de los reduccionismos psicologicistas y biologicistas, ha quedado muy mutilado en su comprensión.

Sin embargo, la sanación es un concepto profundamente antropológico y que se aplica no sólo a lo biológico o a lo psicológico, sino a toda la persona. Así, desde una perspectiva antropológica integral puede resultar muy interesante analizar qué NO es la sanación.

          a. Sanación como proceso de equilibrio.

Desde Platón hasta C. Rogers es moneda común identificar la salud con el equilibrio (homeostático, psicosomático, etc.) y, por consiguiente, el proceso de sanación con el camino hacia este equilibrio.

No obstante, desde una perspectiva antropológica integral el mero equilibrio es considerado insania. Ya advertía Frankl que la persona no estaba hecha para lograr un mero equilibrio homeostático, sino para comprometerse con lo valioso, para crecer en “tensión” creativa. Y es que, el ser humano, en realidad, no está llamado a huir de las tensiones sino que las necesita para crecer. Es la ausencia de tensión lo que le neurotiza y destruye.

¿Cómo se puede pues lograr esa tensión? Desde el compromiso con el horizonte axiológico descubierto en el sentido existencial, es decir, desde tareas que tengan sentido, desde situaciones que tengan sentido, desde encuentros que tengan sentido. La vida sana, desde nuestra perspectiva consiste en la capacidad de compromiso, de no acomodación, de ir a más, de apostar por lo valioso y por los valiosos.

          b. Sanación como volver a la normalidad.

Es muy frecuente también identificar la salud con el restablecimiento de la “normalidad”, concepto que siempre es relativo al contexto cultural, histórico y social en el que surja (el cual, como no es inusual en Occidente, puede ser, a su vez, profundamente patologizante o impersonalizante).

Se ha entendido la normalidad como autonomia. Y es cierto que la salud implica un poder determinarse a la acción desde sí y no, básicamente, en función de las expectativas o deseos de otros. Pero llevado a sus últimas consecuencias, como pretendió Kant y con él la Ilustración, da lugar a un desorden grave; el ser humano es una autonomía heterónoma, una “independencia dependiente”: siempre necesita de otros. Los otros son apoyo, posibilitación, impulso para la vida. Y aún la más independiente de las personas está tejida de la vida de otros que operan en ella.

Y si se entienden la salud y la normalidad como adaptación hay que afirmar que esta concepción impide el crecimiento, el dar-de-sí, la novedad. Las máscaras son adaptativas. Y, por ello, adaptarse puede ser despersonalizante.

Un cierto margen de adaptación es deseable, sin duda, pues la vida (personal, familiar, laboral, social) va cambiando y es necesario saber asimilar esos cambios. Pero la excesiva adaptación de muchas personas, esto es, la asimilación a lo que “se” piensa, “se” dice, “se” termina despersonalizando.

          c. La sanación como proceso mecánico.

Para otros, la sanación es un proceso mecánico que consiste en eliminar síntomas. Pero lo que pretendemos no puede ser únicamente eliminar síntomas, sino que debemos lograr que el propio proceso de la infirmidad sea fecundo para la persona. Así, lo que buscamos no es tanto la eliminación de lo disfuncional, sino más bien la promoción del crecimiento en los obstáculos.

La sanación, por tanto, no puede ser un proceso mecánico, una aplicación de una técnica para arreglar un mecanismo estropeado; porque esto supondría un determinismo causal que negaría la libertad personal. El proceso de sanación profunda ocurre allí donde la persona se hace cargo de sí, despierta.

Por otra parte, conviene aclarar que el síntoma no es un enemigo a batir. El síntoma es un mensaje, que debe ser leído e interpretado, pues nos indica qué cambiar o qué está desordenado. Además, podría ocurrir que alguien no supere un síntoma, pero sí logre (en ocasiones, incluso, gracias al síntoma) mayores cotas de verdad y de crecimiento personal.

 

 

Para saber más:

Curso online: Acompañamiento de heridas interiores.

Domínguez Prieto, X.M: Más allá de tus heridas. Ed. Kahf, Madrid, 2019

Domínguez Prieto, X.M: Psicología de la persona. Palabra, Madrid, 2015

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